La Lengua de Signos (LS) permite el acceso al currículum a los alumnos con sorderas importantes con un nivel de adaptación de los contenidos incomparablemente menor del necesario si el acceso es a partir de su limitada competencia oral.  
     
  Cuando en un grupo de clase varios alumnos son sordos y usan cotidianamente la LS en su comunicación y aprendizajes, su presencia y su forma diferente de vivir la realidad penetra en la forma de vida general del grupo implicando desde el inicio, de un modo u otro, a los niños oyentes del mismo.  
     
  También, de forma recíproca, los niños sordos se ven inmersos en la necesidad de compartir hábitos sociales y comunicación cotidiana en un marco que, respetando su identidad y necesidades específicas, les pone en una situación de convivencia que les acerca a la realidad social que en el futuro vivirán como adultos sordos. Más aún si los maestros y la escuela favorecen esta vivencia intercultural.  
     
  Este ideal precisa de un notable esfuerzo en la programación de actividades o en la distribución de horarios y entornos de trabajo. Precisa también la presencia de profesores conocedores de la LS y, entre ellos, profesores sordos que siendo hablantes nativos de lengua de signos estén así mismo preparados para la docencia.
 
     
  Vivir de esta forma la actividad escolar proporciona a los niños sordos una autoimagen positiva, ya que les premite acceder al currículum en igualdad de condiciones. Asímismo, los agrupamientos bilingües en la escuela ordinaria dan lugar a ocasiones de uso de la lengua oral, en la interacción entre niños sordos y oyentes o en actividades especialmente previstas a tal efecto, en las cuales habiendo entendido la LO como segunda lengua, se consigue una funcionalidad realista para los alumnos con sorderas importantes.  
     
 

Extraído de "El bilingüísmo en la escuela". Ramón Almirall Ferran. Psicopedagogo CREDAC (Barcelona).